LA OPINION PUBLICA Y SUS PROBLEMAS
La obra de John Dewey sobre la opinión pública es un clásico sobre esta cuestión. Hasta tal punto que esta obra vio la luz en 1927 cuando su autor contaba casi sesenta años de edad. Estamos, por tanto, ante un estudio que llega a nuestras librerías con unos setenta y cinco años de retraso. Digo retraso porque, como sucede con demasiada frecuencia, el público de habla hispana ha tenido que esperar todos estos años o leer la obra que sólo circulaba por el mundo de la comunicación en inglés, francés y alemán.
Hoy, Dewey, además de un clásico en la asignatura de opinión pública de las facultades de comunicación, es materia de lectura obligada por parte de una buena parte de docentes universitarios para los alumnos. En este sentido felicitamos a la editorial por el acierto de facilitarnos la lectura de esta obra en español. Para Dewey la cuestión estaba en la capacidad de conectar el conocimiento popular con la opinión pública y, al mismo tiempo, la frecuencia del conocimiento con su pensamiento, planteamiento y reflexión. Todo ensamblado bajo una serie de categorías comunes dio lugar al desarrollo del pensamiento grupal y a la opinión pública como área de estudio, conocimiento e investigación y, por extensión, a un tipo de conocimiento que utilizaba cada vez con mayor frecuencia la metodología específica de las disciplinas científicas.
Según Dewey, la opinión pública no es patrimonio de las impresiones momentáneas, las emociones circunstanciales ni nada que tuviera que ver con experiencias o sentimientos temporales. Al contrario, la opinión pública es el resultado de un largo proceso de evolución del pensamiento, de la reflexión y del análisis de valores y formas de conducta. La puesta a prueba de las opiniones era -para Dewey- la demostración del sentido determinista de la opinión pública. Los juicios y manifestaciones no pueden ser el resultado de la manipulación estratégica -sobre todo del lenguaje, que diría el filósofo López Quintás-, al contrario, la opinión pública auténtica, lejos de ser engañada o tergiversada, es el punto de equilibrio en donde se debe encontrar el centro entre lo objetivo y lo subjetivo.
Cuando Dewey escribió su libro no podía siquiera sospechar las consecuencias que sus especulaciones producirían en el mundo de las comunicaciones. Hoy en día, casi un siglo después de sus especulaciones, la era de la comunicación ha hecho de la opinión pública el escenario para expresar todo tipo de reacciones. La opinión pública es un poder social muy fuerte, capaz de orientar o desorientar las directrices de vida de millones de ciudadanos. De estudio preliminar de Dewey quedan las bases por él fijadas de lo que debería ser esa opinión pública y su trato con los medios y con la sociedad. Sólo de esa manera podemos hablar con objetividad de sociedad de masas, de vida pública, de control popular y, en definitiva, de progreso y búsqueda de la gran comunidad.

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