viernes, 16 de octubre de 2009

HOLLYWOOD CENSURADO


En febrero de 1992 el cardenal de Los Ángeles, Roger Mahoney, declaró ante la Coalición
contra la Pornografía de Hollywood que la industria cinematográfica representaba una
«agresión a los valores de la mayor parte de la sociedad norteamericana». La industria
cinematográfica, sostuvo, no podía seguir «escondiéndose tras un grito erróneo que pide
libertad de expresión». Para poner coto al exceso de sexo y violencia en las películas
actuales, Mahoney pidió que se restituyera el Código de Producción de Hollywood, que
había dominado la industria cinematográfica norteamericana desde su adopción en 1930
hasta que fue sustituido en 1966 por el actual sistema de clasificación. Los representantes
de la industria expresaron su consternación ante una petición tendente al restablecimiento
de la censura cinematográfica.
La llamada del cardenal Mahoney para emprender una cruzada moderna contra el
cine no sorprendió a Hollywood. En 1930, otro sacerdote católico, el padre Daniel Lord,
S.J., también creía que las películas corrompían los valores morales norteamericanos. Para
contrarrestar la influencia de las películas inmorales, redactó un código cinematográfico
que prohibía las películas que glorificaban a los criminales, a los gangsters, a los adúlteros
y a las prostitutas. El Código de Lord, que pronto se convirtió en la Biblia de la producción
cinematográfica, censuraba los desnudos, el exceso de violencia, la trata de blancas,
las drogas ilegales, el mestizaje, los besos lujuriosos, las posturas provocativas y la blasfemia.
Sin embargo. Lord consiguió algo más que prohibir escenas; su código también sostenía
que las películas debían promocionar las instituciones del matrimonio y la familia,
defender la integridad del Gobierno y tratar las instituciones religiosas con respeto.
Según una premisa básica del Código, las películas no gozaban de la misma libertad
de expresión que la palabra impresa o las representaciones teatrales. El nuevo arte, tan
democrático, debía ser regulado, afirmó Lord, porque el cine traspasaba todas las barreras
sociales, económicas, políticas y educativas, y atraía a sus salas a millones de espectadores
cada semana. Para protegerá la masa de la influencia malévola de las películas, éstas
debían someterse a la censura.

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